miércoles, 13 de julio de 2011

Crónicas venezolanas

“La memoria amplía nuestro mundo. Sin ella, la vida carecería de continuidad, y por la mañana veríamos a un extraño en el espejo. Cada día sería un episodio aislado; no podríamos aprender del pasado ni prever el futuro.” (MYSTERIES OF THE MIND [MISTERIOS DE LA MENTE])

La memoria como recurso mnemotécnico para la incorporación de un registro histórico de nuestras raíces culturales venezolanas en la obra de José Oviedo y Baños

Basta con nombrar ciertos personajes del imaginario latinoamericano como La Sayona, El Silbón o El Hachador Perdido para rápidamente calcar en nuestra mente la idea de la mujer que infringe un castigo a los hombres que no se portan bien para con el sexo contrario o aquellos hombres que deliberadamente han traspasado las normas y por tal motivo, han merecido un escarmiento. Sin embargo, estas leyendas y mitos han sido tomados como parte del acervo cultural de diversas locaciones. De manera que resulta bastante difícil adentrarse en la ubicación, geográfica y cultural, de estas interesantes historias.

La causa obedece al hecho de que estas historias han formado y siguen haciéndolo, un residuo significativo de diversas localidades que a su vez han pasado a otras y como resultado, se han expandido e incluso versionado con otros nombres y personajes. Ahora bien, un hecho sin lugar a dudas importante es el preguntarse cómo ha sido posible la expansión de estas historias. De entrada, podemos señalar, sin temor a equivocarnos, que la tradición oral ha tenido un papel preponderante en la expansión, versión e influencia en cuanto a su propagación en toda Latinoamérica de todas estas interesantes historias.

Precisamente por esto nos resulta importante determinar: ¿Cómo influye la tradición oral en estas leyendas y en la historia humana? ¿Puede verse esta marcada influencia en textos de la historia de nuestro país, Venezuela? Y en caso afirmativo ¿Cómo pudo valerse de la tradición oral un historiador Venezolano, José Oviedo y Baños, para recrear con carácter objetivo la historia de nuestra conquista Latinoamericana?

Para hacer un poco de historia, nos gustaría remontarnos a la Grecia clásica y la África actual para ilustrar de modo más idóneo planteamientos que nos pueden ayudar a dilucidar mejor estas interrogantes. En el primer caso, Grecia, fue la productora de una de las historias más importantes como aporte cultural, La Ilíada. A este respecto, esta obra , por decirlo en términos metafóricos, era un monstruo de la oralidad.

Es decir, durante muchos años estas historias eran narradas por los aedos de la época, la contaban vez tras vez como una serie de relatos locales que intentaban explicar diferentes situaciones sociales que en este caso no son menester explicar. A su vez, con el tiempo estos relatos se fueron incorporando a la tradición de dicho pueblo y a través de los siglos, el hombre con su necesidad de plasmar por escrito, en algún soporte, su historia transmitida durante generaciones, la transcribió. Esto ocurrió aproximadamente en el siglo VI antes de Cristo. De hecho, sería interesante imaginarse cuántos pueblos ágrafos en sus momentos no lograron hacer lo mismo y se perdieron historias tan interesantes o hasta más significativas como el ejemplo señalado.

En cuanto al segundo ejemplo, en África occidental, según Despertad (2009) los griots, o cronistas de las tribus, son capaces de recitar de memoria los nombres de muchas generaciones pasadas, y eso que son analfabetos.(p.26) De hecho, el escritor estadounidense Alex Haley, citado por la fuente antes señalada, cuyo libro Raíces ganó el premio Pulitzer, recurrió a los griots de Gambia para elaborar su árbol genealógico a lo largo de seis generaciones, este escribió: “Reconozco mi inmensa deuda a los griots [...] Hoy se dice, con exactitud, que cuando muere un griot es como si se quemara una biblioteca”. Claro está, en las culturas ágrafas el papel de la memoria tiene un papel bastante importante e incluso no todos los habitantes de las aldeas comentadas pueden ser griots sino sólo los más hábiles. Esto nos indica cuan importante es para estas tribus la reproducción casi absoluta de su genealogía.

De manera que podemos observar claramente cómo se ha empleado la memoria humana como nexo entre la historia cultural de la humanidad y el pasado para intentar reproducirlos de la manera más objetiva.

Este recurso mnemotécnico se empleaba desde la antigüedad como lo señalamos en el caso de La Ilíada. En el caso de los oradores griegos y romanos de la antigüedad eran capaces de pronunciar largos discursos sin mirar ni una sola nota. ¿Cómo lo hacían? Usaban la mnemotecnia, una estrategia para potenciar la memoria a largo plazo.

Una de las técnicas que emplearon los griegos fue el método de los lugares, descrito por primera vez por el poeta Simónides de Ceos en 477 antes de nuestra era. Esta técnica, combina los principios de organización, visualización y asociación, se relaciona lo que se quiere recordar con puntos de referencia a lo largo de un camino o en una habitación. Estos mismos principios eran los que empleaban los aedos griegos para contar sus fantásticos relatos de los cuales disfrutamos en la compilación del poeta Homero.

Como dijo el filósofo griego Aristóteles, “desde su infancia el hombre tiene un instinto natural para la imitación”. Este vocablo griego mí·me·sis (imitación) lo empleaba este filósofo para indicar la necesidad constante del hombre por imitar su realidad, su entorno. De allí, que el hombre, desde nuestro punto de vista, constantemente esté contando historias que son el producto del acervo cultural que le rodea para explicar no sólo su pasado sino su presente. En este aspecto nos gustaría recordar lo que señaló Jiménez en su ponencia “La literatura de tradición oral” en el IV encuentro entre libros y lectores cuando señalaba que este término aristotélico, imitación, se ha visto permeado en toda la literatura oral que ha existido especialmente en aquellas culturas primigenias que eran y que aún son ágrafas.

Además, a estas historias se les ha dado un carácter literario porque existe un consumo masivo de las mismas. A su vez, se han convertido en literatura, no sólo por quien las produce sino por quienes las consumimos.

En contraste con Europa, de la cual ya hemos hablado suficiente, podemos adentrarnos propiamente en Latinoamérica, específicamente nuestro país, Venezuela. Para tal fin, debemos hacer un poco de historia. Los españoles en su proceso de conquista en nuestro país contribuyeron de modo significativo a ofrecer aportes culturales específicos aunque esto no resultó unidireccional sino más bien bidireccional. Nuestros indígenas tenían mucho que ofrecer al igual que lo hacían los conquistadores. En ese proceso de conquista, se fue gestando una historia que se escribía casi inmediatamente, basta recordar el diario de Cristóbal Colón que da cuenta de ello.

El mito del oro

Al respecto de cómo nacen las diferentes historias, especialmente en los tiempos del descubrimiento basta con señalar un ejemplo conocido, el mito del oro. En este caso Taviani (s/f) describe lo que implicó para Cristóbal Colón, el comprender que el mito del oro era sólo eso, un mito, “no es cierto, como se ha dicho, que el Almirante se haya desilusionado, en lo referente al oro, durante el primer viaje de descubrimiento”. En este orden de ideas, el autor señala también que si bien es cierto que no había encontrado los techos, los puentes de oro, las vajillas descritas por Marco Polo, y tampoco las minas, sí encontró oro casi de inmediato en los ornamentos que usaban la mayoría de los aborígenes.(p.68)

De modo que podemos constatar que todas estas historias dieron como resultado una leyenda conocida por la colectividad europea como lo fue El Mito de El Dorado. Este mito lo podemos rastrear por, como lo señala el autor antes citado, las tradiciones contadas por el cronista Marco Polo que describía una ciudad construida con puro oro. Sin embargo, estas historias movieron a Colón a seguir buscándola de manera ferviente y aún cuando pronto se dio cuenta de que no existía, se afianzó en Colón, la convicción de haber finalmente encontrado la tierra donde el oro se extraía de las minas por todo cuanto vio y la ornamentación empleada por los aborígenes. (ob.cit)

La crónica como género literario en la historia de nuestro país

Precisamente por todo lo anteriormente descrito es significativo señalar que a raíz de los géneros literarios, que son “esquemas básicos de composición”, surgen lo que podríamos llamar subgéneros. “Aunque existen distintas clasificaciones de los géneros, la más aceptadas establecen tres grandes géneros literarios: la lírica, la narrativa y el teatro o género dramático”.(Redal, 2006, p.32)

Ahora bien, a las variedades genéricas se las denomina subgéneros líricos. Entre estos podemos encontrar la canción, la égloga, la oda y la elegía. En cuanto a subgéneros narrativos se destacan la epopeya, el cantar de gesta, el romance, la novela o el cuento e incluiríamos nosotros, la crónica. Por último, en el género dramático, los subgéneros, más representativos son la comedia, la tragedia y el drama.

A este respecto, los subgéneros literarios, comentó Jiménez antes citada, que estos forman parte de la colectividad como opciones para contar nuestras historias. Acotaríamos a estas alturas que no sólo nos valemos de estos para contar historias sino nuestra historia. Es entonces cuando surge la incógnita de cómo ofrecer un carácter objetivo a la recreación de nuestra historia de la conquista. Muchos historiadores se valieron de lo que era su apreciación subjetiva españolizada y la expresividad para contar la historia de nuestro país.

Hablando de subgéneros, específicamente la crónica, esta es descrita por Redal (ob.cit.) como “una noticia ampliada y comentada. El cronista desarrolla extensamente los hechos y aporta una interpretación personal. La crónica se distingue por dos características derivadas de la intervención del autor: el subjetivismo y la expresividad”.(p.128) La crónica desempeñó un papel importante en tiempos de la conquista no sólo por los elementos históricos-orales que eran contados por los cronistas sino que además confirió cierta credibilidad de parte de quienes las leían. En contraste con la apreciación subjetiva españolizada cuyo término queremos emplear para destacar que al escribir en esa época, la mayoría de los cronistas no podían dejar de escribir sin evitar una pronunciada marca española. Claro está, esos aportes culturales que trajeron los españoles influyeron de manera positiva o negativa a todo el que posteriormente quiso reproducir la historia. Es decir, el estilo de quienes escribían, por herencia, resultaba casi español. Un rasgo que nos resulta revelador fue el hecho de que se adornara las victorias y/o verdaderas “hazañas” de los conquistadores cuando quienes escribían estas, no eran españoles.

A este respecto, Martínez (2004) comenta que “los primeros españoles de América escriben sus crónicas e historias de acuerdo con esas marcas; es decir, repiten, miman, se pliegan a la escritura de España”, “escribían –o creían hacerlo- como españoles, publicaba sus obras en España”, “Europa inventó a América a su imagen y semejanza, llenando con su realidad los inmensos espacios vacíos”. (pp.XII-XIII)

Sin embargo, uno de estos cronistas, que alzó su voz, metafóricamente hablando, y reconstruyó significativamente la historia de la conquista fue José Oviedo y Baños quien se encargó de producir un texto al cual le confirió carácter objetivo, desde nuestra humilde perspectiva, mediante la investigación prolífica de distintas fuentes tanto históricas como narración oral u otras existentes para su época. De hecho, el autor antes citado expone que Oviedo y Baños, en su labor de cronista “ ve dos veces cada elemento de la realidad, a todo impone dos atributos, describe las acciones en parejas, les dibuja una de fuga”. Esto a su vez, permite que el lector pueda apreciar dos posturas distintas y al final, él mismo pueda determinar con cual posible lectura se queda. (p.X)

Además, en su escritura, según sigue comentando el mismo Martínez (ob.cit.) los españoles declaraban siempre su adhesión a criterios de objetividad, una estrategia retórica, mientras que los criollos trataron de persuadir a la Corona Española de que su versión de los hechos era imparcial. En el caso de Oviedo y Baños, no hizo ni lo uno ni lo otro. Simplemente contó su historia a través de ambas miradas y al final, cada quien decidió lo que quiso creer.

De manera que Oviedo y Baños fue capaz de tomar toda esa información de diversas fuentes, lo cual no descartaría la tradición oral, de la cual ya hemos comentado antes, para escribir su Historia de la Conquista que en todo caso resultó una reelaboración de todos esos hechos narrados por la mayoría de los cronistas de su época. En su narración de los hechos proclama la necesidad de suprimir todo elemento inverosímil o increíble, intenta imprimirle un carácter que había sido olvidado por todos aquellos que narraban en su momento. La mayoría incluían elementos fantásticos, casi épicos, como si de héroes se tratase. Esto no ocurre con Oviedo y Baños puesto que se encarga de intentar presentar los hechos lo más claro posible sin detenerse en supuestos o en ideales de la época, como bien afirma el autor. (pp.XXIV-XXV)

Para ilustrar mejor aún nuestra tesis, al hablar de los “Mixed Romances” Martínez (ob.cit.) emplea un término interesante por cuanto esto influye de manera significativa lo que se escribía para la época. Era el producto de un estilo propio de la época que marcó, sin lugar a dudas, toda la historia de la época de la conquista que se gestó y se escribió. La confusión se encuentra precisamente porque muchos textos novelescos contenían en sus títulos la palabra crónica o historia. Sin embargo, Oviedo y Baños logra salir ileso e imprimirle a su Historia de la Conquista un carácter de verosimilitud, como ya mencionamos antes. (p.XXIX)

Un aspecto que le confiere aún mayor verosimilitud a la Historia de la Conquista de José Oviedo y Baños es el cómo emplea el lenguaje para contar hechos ya ocurridos. Para ejemplificarlo, tomemos como ejemplo la sublevación del negro Miguel, quien al levantarse crea un orden similar que reproduce con sumo detalle las jerarquías y dignidades de la metrópoli. Ahora bien, esta narración, de la cual se vale José Oviedo y Baños, no era de primera mano suya sino de un fraile que la había contado un siglo antes. Se hace aún más verosímil cuando se conoce que Oviedo y Baños no la modifica en lo más mínimo sino que permite, a través de su buen uso del lenguaje, que exista un orden alterno a la realidad. Creemos que con esto este autor permite al lector que tome un partido a través de sus escritos que depende de la mirada que cada quien dé a su obra.

En conclusión, podemos ver que la oralidad, un rasgo del ser humano, contribuyó de modo positivo o negativo a cómo se contó la historia de la conquista de Latinoamérica. Además, la historia de nuestro país propiamente se ve permeada e influenciada por la cantidad de historias que para el momento surgieron, a este respecto se puede señalar El Mito de El Dorado, que dio la vuelta al mundo, como ya ha quedado patente. En el caso de José Oviedo y Baños, empleó muchas técnicas para escribir su Historia de la Conquista entre estas se valió de la oralidad, aquellas historias que le contaron, y empleó un carácter de verosimilitud que a su vez, le confiere, todavía hoy, una mayor credibilidad si se le compara con otros escritores de su época.

Referencias

  • Aristóteles. (1963). Poética. Madrid: Aguilar.
  • Despertad. (2009). Cómo mejorar la Memoria. Colombia: Watchtower
  • Jiménez, M. (2011, Abril). La literatura de tradición oral. Ponencia presentada en el IV encuentro entre libros y lectores, Caracas. (Consulta: 2011, Abril 27)
  • Martínez, T. (2004). Prólogo a Historia de la Conquista y Población de la Provincia de Venezuela. Caracas: Biblioteca Ayacucho (2º Edición)
  • Redal, E. (2006). La enciclopedia del estudiante: Literatura Española e Hispanoamericana. Buenos Aires: Santillana
  • Taviani, P. (s/f). La aventura de Cristóbal Colón. Caracas: Biblioteca familiar